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18 noviembre 2018

NUESTRAS PRIMERAS PORTERÍAS

Por Pedro José Sánchez

A nadie escapa que una de las grandes claves de la universalidad del fútbol es la facilidad de su puesta en práctica.

Otros deportes, hacen necesaria la existencia, además de lógicamente la pelota o balón, de un mínimo de complementos para hacerla efectiva incluso de manera informal. Sin embargo, para el fútbol cualquier superficie de terreno sin delimitar ni acotar, incluso sin porterías, es suficiente para su práctica y disfrute y, si éstas últimas se estimaran necesarias para dar un poco de más formalidad al momento, ¿quién de niño (y no tan niño) no las ha improvisado con unas zapatillas o un simple montón de ropa?

En aquellos ya lejanos años de nuestra infancia, si de un partido “de desafío” se trataba, se contaban incluso los pasos entre los “postes” de ambas porterías para igualarlas en tamaño y hacer lo más “reglamentaria” posible la contienda. A partir de ahí, se levantaba una imaginaria portería, de postes blancos por supuesto, con medidas fijadas en la mente de cada jugador que servían perfectamente para saber si había sido gol… o no, con las consiguientes discusiones hasta determinar si el balón había entrado o había ido fuera.

Aunque pensemos, y entramos ya en materia, que estos recuerdos infantiles están ligados a décadas relativamente recientes, ya en 1941 Arturo Otero en la primera historia del Sevilla FC y refiriéndose a los iniciales pasos del fútbol en nuestra ciudad rememoraba:

“… “Cuatro locos” que los domingos se ofrecían a la pública curiosidad en paños menores… y que llevaban los palos a hombros. Porque también en Sevilla “se llevaron” los palos a hombros… todavía más heroico que lo de los palos es lo de la ropa. Y aun no se les ha rendido el debido tributo de admiración a los que formaban las porterías con las prendas de su uso personal”[1].

Volviendo aún más atrás la vista en el tiempo, para los primeros jugadores del Sevilla Football Club, además de lógicamente el balón, un elemento indispensable para aquellos pioneros “sportman” conjurados para su práctica bajo las reglas de la Football Association eran sin duda las porterías.

Señalar al respecto, que en aquellos años finales del XIX la normativa determinaba que sus medidas serían de 8 yardas x 8 pies (7,32x2,44 m) fijando en relación al grosor de los postes y larguero que “The máximum width of de goals-posts and the máximum depth of the cross-bar shall be 5 inches

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                                       (Football, by Charles J.B. Marriot and C.W. Alcock)

“El ancho máximo de los postes de gol y la profundidad máxima de la barra transversal será de 5 pulgadas”.

Es decir, se determinaba la anchura y profundidad máxima, pero no la mínima, por lo que los postes y larguero no necesariamente debían tener esa medida tope de 5 pulgadas ó 12,5 centímetros.

No es descartable, por tanto, pensar que aquellos primeros partidos jugados en los últimos años del XIX en nuestra ciudad por el Sevilla Football Club pudieron celebrarse, en aras a una mayor facilidad de transporte, con porterías de estructura más liviana, semejantes a las visualizadas en imágenes y publicaciones inglesas de finales de siglo.

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No obstante, igualmente pensamos que aquel primer partido jugado por el Sevilla Football Club el 8 de marzo de 1890 contra el Recreation Club de Huelva, pese a la dificultad del traslado y la distancia a recorrer desde nuestra ciudad hasta el hipódromo de Tablada, se jugó con porterías “reglamentarias” en cuanto anchura y altura (7,32x2,44 m), así como con las medidas máximas reglamentarias, es decir, 5 pulgadas (12,5x12,5 cm) en postes y larguero.

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                                                 El Español, 12 de marzo de 1890

La reseña del partido celebrado el 27 de diciembre de ese mismo año entre el Sevilla y el Huelva (localizada y facilitada por la nunca suficientemente ponderada Área de Historia del Sevilla FC, a quien desde aquí damos las gracias), documenta la primera descripción de las porterías sevillistas confirmando sus medidas reglamentarias, y aunque el texto no refiere la anchura y profundidad de los postes y larguero, las propias medidas de la portería nos hace pensar que igualmente eran del rango máximo permitido deduciéndose por nuestra parte que, por la cercanía en el tiempo, casi con toda probabilidad en este partido se utilizaron las mismas porterías que en el celebrado el 8 de marzo.

Ya en el siglo XX, José Luis Gallegos Arnosa, presidente sevillista en el momento del proceso registral del Club, nos acercaba en 1913 su visión de aquellos años rememorando “las dificultades y vicisitudes por las que habían de pasar” los integrantes del Sevilla FC para la práctica del fútbol deduciéndose, por lo que refleja al final de su relato, que las porterías utilizadas debían tener también las medidas reglamentarias:

“… una vez hechos los primeros goals o metas se llevaron al campo de práctica que tienen los Ingenieros junto al río Guadaira, y había que ver el aspecto de los jugadores, que después de andar cerca de una legua con un sol casi de verano, tuvieron que colocar los goals para jugar, en lo que invirtieron casi todas sus fuerzas, pues a los diez minutos de juego, todos andaban, cada cual por su lado, tendidos en el suelo”[2].

En el mismo texto, Gallegos nos hacía llegar la ubicación de un posterior terreno de juego utilizado para la práctica del football por nuestros jugadores: “… de allí nos fuimos a la Laguna de los Patos”.

En el plano de nuestra ciudad de 1891, de Antonio de Padura y Manuel de la Vega-Campuzano, podemos ver la situación exacta de la indicada Laguna de los Patos, espacio de terreno existente entre la actual avenida de Miraflores y la Carretera de Carmona donde se ubicaría a partir de 1900 la fábrica de vidrios “La Trinidad” de Luis Rodríguez Caso.

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                                                    La fábrica de vidrios “La Trinidad”

El 15 de octubre de 1900 Luis Rodríguez Caso, ingeniero industrial y militar, presentaba en el Ayuntamiento sevillano solicitud para la construcción de una fábrica de vidrios y cristales.

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                                                              Luis Rodríguez Caso

En la misma, exponía al Alcalde Presidente, en aquel momento Fernando de Checa Sánchez, su intención de construir en terrenos de su propiedad la indicada fábrica ocupando una superficie de seis mil metros cuadrados:

“… Que en terrenos de su propiedad situados en la carretera de Miraflores, inmediaciones de la Trinidad y conocidos con el nombre de Laguna de los Patos, trata… de construir una fábrica de vidrios y cristales, huecos y planos, bajo su dirección.

Dicha fábrica será edificada con fachada Oeste, que se detalla en el adjunto plano a la indicada carretera de Miraflores, lindará por la parte Sur con la casa sin número de su propiedad situada sobre la misma carretera a continuación de la línea de casas que siguen a la Venta Taurina y terrenos de la dicha Laguna de los Patos y por ésta estará también limitada por Este y Norte, ocupando una extensión total de seis mil metros cuadrados”.

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Inicialmente, las construcciones colindantes con la fachada de la fábrica, orientada a la carretera de Miraflores, actual avenida, se destinarían: al servicio de Oficinas y Portería; a casa-habitación del Encargado de la fábrica, y a casa-habitación del Portero, teniendo cada una de ellas puertas independientes de acceso desde la carretera, como es posible apreciar en el plano de alzado presentado, siendo el resto de construcciones anexas dedicadas a talleres de herramientas, preparación de materiales, y al empaquetado y embalaje de los artículos fabricados:

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“… la nave adosada al muro Sur servirá como continuación de los talleres de preparación de materiales y para almacenes de estas. La del Norte como continuación de la del empaque y embalaje y almacenes de productos fabricados”.

Tal y como indicaba Rodríguez Caso, todas las construcciones estarían “cubiertas por una techumbre ligera, apoyada sobre el muro de un lado y del otro sobre una línea de pilares”, señalando, como también es posible apreciar en el plano de planta de la fábrica, que “existirá una gran nave central destinada a Talleres de hornos para fundición y trabajos del vidrio en la cual se instalará por hoy un horno con capacidad de ocho crisoles y sus accesorios de templado, recocido y cocción de material refractario”, donde se realizarían los trabajos de fabricación de productos.

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Por último, Rodríguez Caso “suplicaba” se aprobara concederle licencia para las construcciones de la fábrica así como autorización para establecer “la industria mencionada”:

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El 6 de noviembre, la Comisión de Obras Públicas del Ayuntamiento sevillano aprobaba la petición:

Esta Comisión Municipal se ha reunido hoy en el salón de conferencias del Ayuntamiento, bajo la presidencia del Sr. Chiralt y con asistencia de los señores Ayala, Real y Haro.

Sin discusión se aprobó autorizar al señor Rodríguez Caso para establecer una fábrica de cristales en la Laguna de los Patos[3].

Dando traslado al Cabildo de la Corporación municipal que acordaba su aprobación en la sesión del día 9.

Curiosamente, en la documentación localizada quedaría constancia del conforme del Cabildo firmado por “S. Pizjuán”, que no era otro que Manuel Sánchez Pizjuán, secretario del Ayuntamiento sevillano y tío del futuro presidente del Sevilla Football Club Ramón Sánchez-Pizjuán Muñoz, quien nacería pocas semanas después, el 21 de diciembre.

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Las obras de construcción de la fábrica se realizaron bajo la dirección del propio Rodríguez Caso, iniciando ésta su producción y actividad comercial en 1902.

En aquellos años, Rodríguez Caso tenía su domicilio junto con su mujer, Mercedes Jiménez Aragón, en la calle Trajano, trasladándolo en 1901 a las instalaciones militares de la Enramadilla y, en 1902, a la propia sede de la fábrica de vidrios en la Carretera de Miraflores.

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En relación a la utilización de los terrenos colindantes con la fábrica por parte del Sevilla FC, Arturo Otero refería en su citado trabajo que nuestros jugadores “se reunían para jugar al fútbol en un campo situado detrás de una fábrica de vidrio existente en la Trinidad[4]

“Entonces, cuando llegaba la hora de jugar, se sacaban los palos, que amablemente guardaba en la fábrica de vidrios referida su director, D. Rafael Jiménez, y se colocaban sobre los agujeros, que previamente había que “trabajar” en el suelo. Y cuando terminaba el entrenamiento, nuevamente pasaban los palos a la fábrica, en donde quedaban custodiados hasta el próximo “match”” [5].

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                                                         Firma de Rafael Jiménez

En relación al lugar de custodia donde se guardaban las porterías utilizadas por el Sevilla Football Club, pensamos que se hacía en las construcciones ubicadas en la zona Este de la parcela de la fábrica, la más cercana al “campo situado detrás de una fábrica de vidrio” que señala Otero, ya que Rodríguez Caso indicaba que en dicha zona, la más próxima a la actual Carretera de Carmona, “se habilitarán los excusados, cuadra y otras dependencias auxiliares en el servicio de la fábrica”, ubicación que consideramos más apropiada, además de por su cercanía al terreno de juego, por estar estas últimas dependencias más alejadas del trasiego diario de la fábrica alterando con ello lo menos posible el funcionamiento de la misma.

Muy clarificador resulta en cuanto a la ubicación del terreno de juego utilizado por el Sevilla Football Club el plano de 1910 de Antonio Poley, con la zona urbanísticamente más desarrollada y con el contorno de la fábrica de vidrios La Trinidad perfectamente delimitado y claramente modificado respecto al proyecto inicial presentado por Rodríguez Caso al Ayuntamiento en 1900.

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No deja de ser curioso, según hemos podido constatar en otro plano existente en la documentación manejada, que la fachada de la fábrica de vidrios en cuyos terrenos traseros jugaba el Sevilla Football Club –soy totalmente partidario de la recuperación de la denominación original de la sociedad, denominación que mantuvo durante medio siglo, con la que conquistó 18 campeonatos de Andalucía y sus dos primeros títulos nacionales-, midiera exactamente 100 metros, cifra que se suele dar habitualmente como longitud media de un campo de futbol

Asimismo, el estudio del plano de Poley nos aporta también otra curiosa información. Conocida la importante vinculación de The Seville Waterworks Company Limited y de su director Edward F. Johnston en los orígenes de nuestro club, señalar que los indicados terrenos usados por nuestros jugadores colindaban con el antiguo Camino de la Fuente del Arzobispo, la otra fuente histórica, valga la redundancia, suministradora de agua potable a nuestra ciudad junto con los Caños de Carmona.

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Como sabemos, muy cercanos también a la conducción de estos últimos se construirían, décadas después, tanto el campo de Nervión como el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán.

Manuel y Romualdo Jiménez

Entre los “sportman” sevillistas practicantes en los terrenos de la Trinidad Arturo Otero nombra a Manuel Jiménez León, secretario del Sevilla FC en el momento de su oficialización.

Nacido en 1885 y bautizado en la parroquia del Divino Salvador, en esos primeros años de siglo Manuel Jiménez vivía en el nº 14 de la calle Teodosio, donde el Club tenía su Secretaría –era habitual que ésta estuviera en el domicilio del secretario-, si bien habría que señalar que en realidad se trataba del domicilio de su longevo padre, de igual nombre y apellidos, ya que nuestro jugador había sido fruto del matrimonio de aquel, en terceras nupcias, con doña Francisca León Ruiz.

Su hermanastro, Romualdo Jiménez Cadenas, fue quien facilitó los postes de aquellas primeras porterías utilizadas en el campo de la Trinidad. En ese sentido, según hemos podido documentar, Romualdo era desde 1897 dueño de un almacén de maderas en el nº 36 de la calle de la Industria.

En aquel tiempo, tenía tal denominación gran parte de lo que hoy conocemos como la avenida Menéndez y Pelayo, si bien diferenciando dos tramos: uno inicial y relativamente pequeño conformado por el entonces denominado Paseo del Pino (que podría corresponder al inicio de lo que hoy son los Jardines de Murillo) y la propia calle de la Industria que finalizaba en la Puerta de Carmona y que había sido rotulada así, en 1876, en base a la tipología de los edificios que se estaban construyendo en la misma.

En aquellos años finiseculares, Romualdo Jiménez había ostentado el cargo de Teniente de Alcalde del Ayuntamiento sevillano; siendo vocal de la Comisión de Obras Públicas; presidente de la Comisión de Mataderos; de la de Ganaderías del Consejo Provincial de Agricultura Industria y Comercio, así como de la Comisión permanente de Pósitos de la provincia como mayor contribuyente territorial, y, en su vinculación sevillista, mantenía una sólida amistad y relación con Edward F Johnston primer presidente sevillista:

El cónsul de Inglaterra en Sevilla, míster E. Johnston, obsequió ayer con un almuerzo íntimo a sus amigos don Anselmo R. de Rivas, don Enrique Barón, don Romualdo Jiménez Cadenas y teniente coronel de caballería don Andrés Brull, para conmemorar la terminación de la campaña anglo-boer, en la que el señor Johnston tenía un hijo como oficial del ejército británico[6].

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                                      Firmas de Romualdo Jiménez y Edward F. Johnston

En 1901, Romualdo adquiría un nuevo local para depósito de maderas en el nº 14 de la misma calle Industria, anunciándose en dicho número junto con el 36 y 39 como “Grandes almacenes de maderas para toda clase de construcciones con máquinas a vapor y eléctricas para aserrar” trasladando también su domicilio ese mismo año, imaginamos para un más cercano control del negocio, al indicado nº 39 de la misma calle.

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Curiosamente, hasta ese momento Romualdo había tenido su domicilio en el nº 47 de la calle Cánovas del Castillo, casa a la que pasaría a vivir ese mismo año Tiburcio Alba Larios, padre del posteriormente jugador, capitán y presidente sevillista Francisco Alba Alarcón “Paco Alba”.

En base a la numeración de la calle y a un reportaje periodístico al que luego haremos mención, estimamos que la ubicación actual del almacén de maderas en el nº 14 de la calle de la Industria estaría en la avenida Menéndez y Pelayo esquina a la calle Alejo Fernández, teniendo a su espalda las instalaciones del antiguo Matadero municipal.

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Tras la construcción de las porterías, y aunque los testimonios nos refieren los terrenos de la Trinidad, pensamos que inicialmente los primeros “entrenamientos”o “peloteos” con ellas los realizarían nuestros jugadores, por simple comodidad de transporte y cercanía, en las inmediaciones del almacén de Romualdo Jiménez donde, aún sin urbanizar, existían zonas libres a la espalda del entonces Matadero municipal, en terrenos que posteriormente serían el inicio de la avenida de Eduardo Dato de tan profundo arraigo en la historia sevillista, realizándose tras el “entreno”, el retorno de los postes a los almacenes de la calle de la Industria.

No fueron fáciles desde el punto de vista de la cotidianidad ciudadana aquellos primeros “partidillos” públicos. Lo inusual de la presencia de los “sportmen” en la normalidad de la vida sevillana de aquellos años provocarían las increpaciones, el consiguiente acoso y las correspondientes “pedreas” por parte de los denominados gamberros o “zulús”.

Aunque las Ordenanzas Municipales de 1900 no recogían expresamente la prohibición de juegos de pelota y en concreto del foot-ball, fundamentalmente por lo poco difundido y usual del mismo como sport, desconocido aún a nivel popular y por lo tanto todavía no contemplada su práctica ni a favor ni en contra en las indicadas ordenanzas, sí recogían como hechos comunes y habituales en aquellos años las “pedreas”, prohibiéndolas explícitamente (art. 258), lo que nos deja ver lo usual y frecuente de las mismas motivando su regulación a nivel municipal para el mantenimiento del orden público.

En este sentido, traemos algunas referencias periodísticas relacionadas con la vida callejera sevillana de esos años como muestra de cómo se las gastaban los indicados “zulús” y, así, hacernos una idea de cómo sería acogida la presencia en la vía pública de nuestros jugadores en aquellos primeros años de siglo:

“Vida municipal. Reclamación de la empresa de tranvías al Ayuntamiento para que evite que los niños suban en los topes de los coches y coloquen piedras en los raíles…” (El Liberal, 10 de julio de 1902)

La empresa del gas se ha dirigido al alcalde quejándose de los destrozos ocasionados en las farolas por los niños y pidiendo que con energía se atienda por la guardia municipal, evitarlo. En la semana pasada rompieron los angelitos 150 cristales…” (El Liberal, 11 de julio de 1902)

Asimismo, con motivo de un incendio en la casa nº 4 de la calle Aceituno, la prensa sevillana reflejaba la intervención de los bomberos, llegándose al extremo de tener que “cargar” la Guardia Civil para normalizar la situación:

“Se dio aviso al retén del servicio de incendios establecido en la calle Ensanche… al funcionar las mangas, varios zulús rompieron una de ellas, viéndose obligada la Guardia Civil a dar carga para despejar...” (El Liberal, 31 de octubre de 1902)

Años después y con el fútbol asentado de forma definitiva en nuestra ciudad, seguirían siendo habituales estos hechos:

“Herido de una pedrada.- En la calle Santa Clara unos “zulús” apedrearon a un transeúnte llamado José Noriega Robles. Uno de los proyectiles alcanzó a éste causándole una contusión en el costado derecho, de la que fue asistido en la casa de socorro de la plaza de San Lorenzo” (El Noticiero Sevillano, 16 de marzo de 1909).

Afectando también a nuestros jugadores, ya que en el desarrollo de los partidos los “zulús”…

“… no solo hacían objeto de sus burlas a los jugadores, sino que llegan hasta a tirarles piedras, dándose el caso de que muchas veces los proyectiles hacen blanco en las personas que tranquilamente pasean” (El Liberal, 15 de marzo de 1909)

Como vemos, la cotidianidad de estas situaciones harían más que justificado que por parte de nuestros jugadores se iniciara la búsqueda de espacios más reservados y, con ello, el traslado a los terrenos traseros de la fábrica de La Trinidad.

Sin embargo, la propia actividad fabril y la utilización de dichos terrenos como vertedero de los restos de producción y acumulación de residuos industriales, motivaría un nuevo traslado, señalando Gallegos que “por las malas condiciones del campo tuvimos también que desistir de verificar allí los partidos y previo permiso del Ayuntamiento vinimos al Prado, junto a las tapias del Parque”.

¿Cómo eran aquellas primeras porterías?

Tal y como hemos indicado, en base a la normativa, aquellas primeras porterías utilizadas por el Sevilla FC tenían su anchura y altura fijadas en 8 yardas (7,32 m) y 8 pies (2,44 m), respectivamente; la anchura y profundidad de los postes no podía exceder de las 5 pulgadas (0,125 m) y, por simple deducción de la normativa, los postes eran cuadrados.

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                                   Reglamento Internacional del Fútbol Asociación (Regla I)

No obstante, como igualmente hemos expuesto, no descartamos que inicialmente para encuentros más informales los postes se ajustaran a la normativa y el larguero a un tamaño y peso más liviano, e incluso que dada provisionalidad de las instalaciones en las que se practicaba el fútbol, las porterías se limitaran a los postes, utilizándose de larguero una cuerda que, convenientemente mojada y conseguida con ello su tirantez, servía de referencia superior del marco.

Sobre la precariedad de las porterías en esos años señalar que dos décadas después, en 1922, aún recogía el Reglamento que si se producía el desplazamiento del larguero, el árbitro podía dar validez a un gol si consideraba que el balón había pasado por debajo del mismo si hubiera estado bien colocado:

“Si por cualquier causa el larguero se saliese de su sitio durante el transcurso del partido, el árbitro tiene facultad para conceder un goal si en su opinión el balón hubiera pasado debajo del larguero al estar éste en su posición normal” (Regla IV) [7].

Señalar que el diseño de los postes cuadrados se mantendría hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, llegándose a jugar con ese formato de portería la final de la Copa de Europa de 1961 entre el Benfica y el FC Barcelona.

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                                                 Postes cuadrados en el viejo Nervión

A partir del 1 de enero de 1913 el Sevilla FC tendría su campo en el Prado de San Sebastián, en los terrenos traseros de la caseta de Feria del entonces Centro Mercantil (hoy, Círculo Mercantil)

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Creemos que tampoco sería apartarnos de la lógica pensar que, por su cercanía física, las porterías colocadas en dicho campo del Mercantil se construyeran en el almacén de maderas de Romualdo Jiménez, ya que en esas fechas su empresa aún mantenía una importante actividad comercial en nuestra ciudad como atestigua el reportaje dedicado en una publicación de época reflejando una importante equipación de maquinaria técnica, estando ampliado el negocio al almacenaje de hierros.

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Ese mismo año 1913 fallecía Romualdo Jiménez Cadenas, continuando el negocio familiar sus descendientes anunciándose como “Hijos de Romualdo Jiménez” y manteniendo la actividad comercial de maderas e hierros hasta, al menos, los años cuarenta del pasado siglo XX. No sería descabellado, por tanto, apuntar que el posterior cerramiento de madera con el que en 1916 se vallaba el recinto, proviniera también del indicado almacén y taller de maderas de la familia Jiménez.

Pocas semanas después de ser inaugurado en 1913, el Sevilla FC ganaba en el campo del Mercantil la Copa Sevilla lo que originaba la consiguiente celebración en el sevillano restaurante “Pasaje de Oriente” tan vinculado, igualmente, a la historia sevillista.

Pero esa es otra historia… Otra interminable y maravillosa historia…

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[1] Historial del Sevilla Club de Fútbol, p. 8.

[2] Sport Sevillano, 30 de abril de 1913.

[3] El Noticiero Sevillano, 6 de noviembre de 1900.

[4] Historial del Sevilla Club de Fútbol, p. 9.

[5] Historial del Sevilla Club de Fútbol, p. 9.

[6] El Baluarte, 4 de junio de 1902.

[7] Reglamento Internacional del Fútbol Asociación. Versión directa de la última edición inglesa, de las reglas y de los acuerdos del International Board y del Council, p. 11.

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05 noviembre 2018

LAS OBRAS DEL SÁNCHEZ-PIZJUÁN (Y 7ª PARTE)

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Viene de aquí.

El 24 de abril de 1975 se celebra asamblea general del club entre cuyos puntos del orden del día se encuentra la solicitud de un crédito a la Delegación Nacional de Deportes para ayudar a terminar el estadio. Se trata de la primera vez, 18 años después del inicio de las obras, que se pide colaboración a las autoridades deportivas, eso sí, en forma de préstamo, nada de subvenciones no reintegrables.

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Finalmente, el 19 de octubre de ese mismo año, se confirma la noticia de la obtención de un préstamo:

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Los más curiosos lectores del suelto anterior se habrán percatado de que el Sevilla F.C. no fue el único destinatario de préstamos para su estadio, días antes, por la Palmera, había pasado esto:

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Un primer desembolso de 24.600.000 pesetas, más el resto, hasta 50.000.000 pesetas, en el mes de enero siguiente, con lo que la Delegación Nacional de Deportes atendía, en apenas tres meses, el 100% de los fondos solicitados por el Real Betis Balompié.

Al Sevilla F.C. sin embargo no le fueron concedidos los ciento veinte millones largos que solicitaba, sino algo menos de 2/3 de su petición, quedándose muy lejos de cubrir las necesidades del edificio:

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Para relativizar la cifra, nada como saber lo que podía representar tal ayuda sobre el valor total aproximado del inmueble sevillista en aquellos tiempos:

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500 millones de pesetas por el edificio, más añádanle otro tanto por el suelo, 1.000.000.000 pesetas. El “dadivoso” préstamo de la DND representaba aproximadamente un 7,78% del valor del conjunto. Y para colmo, el dinero no llegaba de una sola vez, ni en tres meses, como a su vecino, sino en tres tramos y en tres años: 5 millones en 1975; 20 millones en 1976; y 52.870.000 pesetas en 1977.

Así explicaba las cosas en una entrevista de ABC del 24 de octubre de 1975 el propio Eugenio Montes:

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Sólo contábamos con aquellas aportaciones voluntarias iniciales y el gesto inolvidable de Gabriel Rojas …”

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Y continuaba desmenuzando el préstamo,

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“Los setenta y siete millones y pico de pesetas que ha concedido la DND son un respiro …” pues efectivamente se necesitaba el doble, como así se solicitó, y fue desgraciadamente rechazado. Un parche al fin y a la postre, muy lejos de ser la solución definitiva. Sabiendo además que como tal préstamo, el club tenía la obligación de devolverlo pesando sobre su pasivo.

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La afición de a pie había puesto de su bolsillo 38.000.000 pesetas, una auténtica barbaridad, desglosados de la siguiente manera:

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Con aquello de la voluntariedad y la ‘fila cero’ se lograron diez millones; con la reforma de estatutos y reclamo –forzoso-voluntario-, catorce. La caja del club se exprimió de forma que hizo frente a ocho. Treinta y tantos ‘kilos’ ya pagados …”

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Tras el cierre del estadio, no se producirán más novedades relevantes respecto a obras en el mismo hasta el advenimiento del Mundial 82. El Sánchez Pizjuán tenía previsto recibir una inversión de 400 millones de pesetas.

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Como puede observarse, 260 millones serían un préstamo, evidentemente reintegrable a cargo del club. El resto, 140 millones de pesetas, era una parte de la subvención general que el Estado dedicó al Mundial 82 como evento. No se trataba de una ayuda al Sevilla F.C., sino de una acción gubernamental de fomento del Campeonato Mundial de fútbol. Finalmente, el Sevilla F.C. sólo recibió un préstamo de 218 millones de pesetas, 185 millones con retraso, correspondientes a los años 1980 y 81, y 33 millones en 1982.

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Como es sabido, toda la financiación relativa al Mundial 82 supuso una auténtica ruina para muchos clubs, que sumada a la deuda acumulada por sus propias ineficiencias, alcanzaría dimensiones escandalosas, al punto de obligar al Estado a intervenir con la famosa Ley del Deporte que originó la conversión de la mayoría de clubs en sociedades anónimas deportivas. Si echamos un vistazo a las cifras de los préstamos concedidos club por club, podemos hacernos una idea del porqué de las cosas.

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Como dato objetivo, es curioso observar que la ayuda al Sevilla F.C., por ejemplo, fue inferior en 311 millones de pesetas a la concedida al Real Madrid. O que al Real Betis Balompié le enchufaron 190 millones de pesetas más que al propio Sevilla, siendo el Villamarín un estadio con menor aforo entonces y disputándose en él únicamente dos partidos de la fase previa, mientras que en el Sánchez-Pizjuán, además del Brasil-URSS inicial, se jugó la inolvidable semifinal Francia-Alemania.

En 1992, mediante la suscripción de la totalidad del capital social de la conversión en SAD, el Sevilla F.C. acabó asumiendo y saldando toda esta deuda. De esta forma, el club y su masa social, desde el mismo inicio de las obras, hasta su total culminación, han sido quienes han sufragado en su totalidad, sin ayuda de ningún tipo, las actuaciones realizadas en el terreno o solar, y en el edificio del Ramón Sánchez-Pizjuán. Otros clubs con estadios públicos arrendados o regalados, subvenciones mil y trampas en la conversión a SAD, no pueden decir lo mismo, y han venido compitiendo, y lo siguen haciendo, tirando de golfadas como la ley concursal, el dopaje institucional, la apropiación de patrimonio público o el uso de influencias políticas en las cloacas de la sociedad.Estos artificios, y no la mitificada fidelidad de su masa social, esquiva siempre a la hora de poner pasta, son los que los han mantenido con vida.

Al Sevilla, sólo al Sevilla, y a nadie más en toda Andalucía, le cabe el orgullo de campeonar en España y en Europa siendo independiente económica e institucionalmente, sin enchufismos, sin parasitar de lo público, como hacen otros. Contra corriente, pese a quien pese. Asusta, de sólo pensarlo. Así que sevillistas, grábense a fuego estas palabras:

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“En la magna empresa el Sevilla hubo de sacrificarse de forma drástica. No encontró ningún apoyo público o corporativo … Echó sobre sus espaldas una abrumadora carga financiera, contando tan sólo con el esfuerzo de sus adictos, con la colaboración de sus seguidores …”

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