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22 octubre 2012

ASÍ COMIENZAN ESTAS COSAS

Es muy complicado explicar el nacimiento de un Club de fútbol a finales del siglo XIX bajo los parámetros de hoy en día. Y no es fácil porque hablamos de los inicios del propio fútbol en un país donde nadie, absolutamente nadie que habitase esta tierra tenía conocimiento de tan bárbaro juego.

Imaginen por un momento que viajando por el mundo por cuestiones profesionales o de otra índole, descubro un deporte como el Bossaball y lo practico en su lugar de origen. A mi vuelta añoro jugarlo y decido que sería interesante buscar a otra gente que lo practique. Será raro, pero podría encontrar a varias personas que tuviesen los mismos intereses que yo, lo más probable a gente que pasó por ese país y que se encuentran por sus circunstancias en España en ese momento, o bien oriundos del lugar. A través de Internet contacto con personas con los mismos intereses.

Una vez hecho el grupo se hace necesario reunirse en la cafetería de la esquina de mi calle para aunar la voluntad de cada cual, escribir unas reglas básicas y nombrar a un par de responsables como el tesorero o el encargado del material. Se pone en marcha el Club de Bossaball de Sevilla y se llama así porque no hay otro en este lugar. Siempre lo conoceremos con “El Club”, no había otro.

Tras ello es cuestión de ponerlo en práctica e imaginen que de repente agrupamos fondos propios para montar un castillo hinchable y varias camas elásticas en el descampado del Real de la Feria, entendido como las condiciones indispensables para poder practicar tan raro deporte.

A todo esto, uno de los componentes del grupo escribe a un periódico de su país contando que han constituido un club de Bossaball en Sevilla y las peripecias para ponerlo en marcha. La prensa sevillana ni se molestaría en contar tamaña extravagancia, pues es un pequeño grupo de frikis haciendo frikadas. La prensa funciona así desde tiempos inmemoriales.

Probablemente solo conseguiría un equipo y nadie contra quien jugar, por lo que el propio grupo bastaría para practicarlo entre ellos, aunque no fuese en el número de componentes reglamentario. Albergaría la esperanza de que conforme jugásemos, algunos de los curiosos se nos acercasen y terminasen aprendiendo el deporte.

Como no es un grupo organizado legalmente  y no ha pedido los permisos correspondientes, las autoridades multan a sus componentes, por lo que pasado el tiempo deciden que es hora de pedir los permisos correspondientes como asociación deportiva y acabar con la persecución.

De repente, un componente del grupo tiene conocimiento a través de un familiar de que en Málaga hay un grupo de personas, que está practicando este deporte y se ponen en contacto con ellos para invitarles a jugar un partido.

Llegan desde Málaga y se organiza el primer partido jugado entre dos clubes en este país. Ahora sí es noticia para la prensa sevillana y aparece reflejada en algunos periódicos. Málaga invitaría a Sevilla más tarde y así se realizaría durante los próximos dos años, en un lugar y en otro. Ambos son asociaciones deportivas legalmente constituidas, la inscripción en la delegación correspondiente de la Junta de Andalucía llegaría a hacerse muchos años después, cuando otros equipos de Bossaball se han organizado en España, forman una federación y deciden celebrar algunos campeonatos y este sería un requisito indispensable para poder demostrar que efectivamente existen como tales sociedades.

Pero mientras tanto, un par de componentes del grupo vuelven a su país, las obligaciones profesionales les mantienen demasiado ocupados, deciden juntarse dos veces al año para no perder la afición, pero ojo, sigue siendo el Club de Bossaball de Sevilla, ya se constituyeron hace tiempo y juegan lo que pueden.

Para entonces algunos sevillanos ya están en el equipo y se incorporarían las dos veces anuales y las que se terciasen, que fueron algunas más anualmente.

Pasados algunos años la intensidad de los partidos se acrecienta, el número de componentes da para hacer varios equipos y organizar campeonatos internos, hasta que se juega con otras ciudades y se organizan campeonatos.

Los chicos del barrio de al lado, que son unos envidiosos, han decidido organizar otro club de Bossaball al que han llamado “pelotapiemanorodilla con balón de Sevilla” y se erigen como nuestros rivales más enconados. Pobres. Casi siempre morderían el polvo y nos acusarían de tramposos por perder tantas veces.

Con los años y los triunfos en la Liga de Bossaball pocos se acuerdan de aquellos inicios, pero sí, fuimos mis amigos y yo mismo. Menos mal que nuestro compañero escribió un artículo para el periódico de su país, si no nadie lo creería. ¿El germen?, no, “el Club”.

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Mucho de esto ya nos lo narró Daniel Young a principio de los años 30, un inglés que no recordaba bien el año exacto, pero que nos contaba que a finales del XIX en Sevilla, Huelva y Río Tinto jugaban uno o dos partidos todos los años contra otros ingleses e incluso alemanes.

- Mientras tanto los partidos eran contadísimos, uno o dos al año, y jugábamos por verdadero deporte, costeándonos todos nuestros gastos, respetando al contrario como si fuera un compañero. Así aunque el fútbol era más rudo que el de hoy, era a la vez más caballeroso. Tampoco nos importaba que el compañero de hoy fuera el contrario de mañana. Tanto es así que unas veces formábamos los de Río-Tinto y Sevilla contra Huelva, otras los de Sevilla y Huelva contra Río-Tinto, y otras los de Río Tinto y Huelva contra Sevilla.”

- ¿Sevilla ha dicho usted? No sabíamos que en aquel tiempo…

- Sevilla, sí. Sevilla, Río-Tinto y Huelva fueron los tres grupos que jugaron al fútbol antes que nadie en España. Los de Huelva y Río-Tinto aparecieron simultáneamente el año 1881; el de Sevilla nació uno meses después. Estas tres localidades, son sin ningún género de dudas, el germen del deporte español. Yo recuerdo haber jugado en Sevilla contra equipos españoles, alemanes e ingleses. Pocos encuentros, desde luego, porque lo dificultaba la escasez de comunicaciones de la cuenca minera. Ya usted ve si será así, que algunas veces en que tres o cuatro que los de aquí formábamos con los de Huelva en Sevilla, teníamos que salir de la Mina ¡a caballo! a las once o doce de la noche anterior al partido, y así seguíamos toda la madrugada hasta Zalamea, donde tomábamos un tren que nos llevaba hasta San Juan del Puerto para unirnos a los demás compañeros de la capital y continuar el viaje a Sevilla. ¡Figúrese usted cómo llegaríamos! ¡Destrozados!

No sé si me explico. Ya me contarás.

PD1.- Ver entrevista completa aquí.

PD2:- El primer Club de Bossaball de España se creó en Marbella.

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   1 comentario :

  1. Parece que es el mismo club, los hechos indican que es mismo club, los protagonistas apuntan al mismo club, la comparacion directa señala que es el mismo club...Sin embargo otros se empeñan en decir que no con complicadas interpretaciones.

    "En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla, suele ser la correcta".

    Guillermo de Ockham (1280-1349)

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