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13 octubre 2015

1905, LA CONTINUIDAD DEL CAMINO

A mediados de octubre de 1905, un grupo de amigos se reunía en el restaurante "Pasaje de Oriente", para cenar por un motivo muy especial. Estos amigos tenían algo en común, aterrizaron en la Sociedad de Football de Sevilla, ya que en sus viajes por Inglaterra, por diversos motivos, les hizo fijarse en ese “sport”, que hasta ese momento era prácticamente desconocido por los habitantes sevillanos, que a hurtadillas se practicaba en algunos apartados rincones sevillanos, con el objeto de mantenerse en forma, especialmente en invierno.


Sabían apenas los ciudadanos de unos locos en “paños menores” que corrían tras una pelota que golpeaban con los pies, en esos corralones allá por el barrio de la Trinidad, anteriormente en la Dehesa de Tablada durante años, y que huían frecuentemente de los guardias de asalto que pretendían arrestarles. Era todo un escándalo público verles en esa actitud indecorosa. Sombreros, bombines ingleses, grandes mostachos a lo borgoña, patillas alfonsinas, levitas y pajaritas en los caballeros. Largos vestidos ceñidos hasta el tobillo, y exuberantes tocados en las señoras, eran el estándar de la época.

Sin embargo ellos se consideraban a sí mismos como Sportmen, definición que correspondía a un estilo de vida entregados al culto al cuerpo, y a retos físicos poco comunes para la sociedad en la que vivían. El football y el remo eran excelentes ejemplos que cumplían con las expectativas.

En esta comida del Pasaje de Oriente, al filo de las nueve de la noche, un señor nacido en Jerez llamado José Luís Gallegos se levantó, asió su copa de champán francés ; la golpeó suave y repetidamente con una cucharilla para que se hiciese el silencio entre los comensales, e invitó solemnemente a brindar a todos por la empresa que comenzaba a dar sus primero pasos oficiales en ese mismo instante. Tras lo cual se dirigió a sus compañeros, con unas amables palabras no exentas de cierta flema inglesa, como correspondía por sus modales adquiridos en tierras anglosajonas, que bien podrían haber sido así:

“... Caballeros, nos hemos reunido aquí hoy para celebrar el acontecimiento que tanto tiempo ansiábamos y llevábamos esperando. Hoy registramos por fin la “Sociedad de Football” de esta ciudad renovando Estatutos, aquella que nos ha unido como compañeros en búsqueda del ideal del deporte sevillano.

Como así lo pensamos y motivo que a todos nos inspira, en este club tendrán cabida todas las personas independientemente de su nivel social, ideas religiosas o políticas, cosa que reflejamos y hacemos constar en el artículo tres de nuestros estatutos, cuya copia les entrego en este acto a cada cual.

Me gustaría desear larga vida al “Sevilla Football Club” y volver a brindar por ello, tanto es así que les invito a que firmen, caballeros, con su puño y letra esta primera acta del Club constituido, con la siguiente declaración escrita por nuestro Secretario, el señor Jiménez de León, que paso a leer a continuación:

Reunidos en el Pasaje de Oriente en banquete todos los abajo firmantes, para festejar todos los éxitos obtenidos [anteriormente] con el juego de pelota con los pies en esta ciudad, pedimos a Dios fuerzas para seguir e implantar tan entretenido y excitante juego, y por último pedimos que vivamos todos, y gocemos de perfecta salud al llegar al medio siglo de su implantación de este juego en Sevilla, y celebremos todos los reunidos en este banquete, jugadores y socios, un partido con fines benéficos.

¡¡Viva el Sevilla Football Club!!...”


Los 30 comensales en pie respondieron a los vivas, y sus socios comenzaron a firmar uno a uno ceremonialmente la primera acta de la reunión, como así era precepto cuando oficializaron en el  Registro de asociaciones de la provincia, tan solo un día antes, el 14 de octubre del mismo año.

Tras lo cual, con el champan cumpliendo su cometido, hizo posible que irrumpieran en cuestiones cómicas y sus respectivas risotadas, haciendo de esta celebración, además de memorable, feliz para los que la vivieron, intuyendo con mariposas en el estómago lo que se avecinaba. Se incorporaron al final del festejo para divertimento de todos, los camareros Castrito y Medinilla.

Los altos del Pasaje de Oriente, eran testigos mudos del acto de la puesta en marcha oficial de la sociedad, que oficiosamente llevaba ya algunos años gestándose en la capital andaluza. El mayor y mejor club del sur de España, inició su andadura invocando éxitos del pasado, que no sabemos alcanzar cuáles fueron todavía, declarando e insuflando desde el primer instante de vida los principios éticos que regirían el club durante más de 100 años.

Los Zapata, Gallegos, Tiburcio Alba, Harmech, Ybarra, Langdom, Juan Mejías, se reunieron en aquel local, de lo más prestigioso de la ciudad. El Pasaje de Oriente , restaurante propiedad de M. Paul Bousquet, estaba situado en la calle Sierpes número 76 y tenía puertas a la propia calle Sierpes y a (Manteros), General Polavieja. Contaba con un salón principal y con una serie de salones en la planta superior.

El menú de aquella noche fue confeccionado cuidadosamente por Tiburcio Alba con la siguiente definición de los distintos platos:

“Sopas al centro delantero”
“Pescado al medio ala”
“Pollo al defensa”
“Ensalada del balón”
“Dulces al portero”
“Vinos campeonato”
“Moka al árbitro”

Pensamos que este menú estaba escrito en inglés, aunque sabemos de su traducción por parte de un periodista de mediados de los años 50, ya que se traduce como “centro delantero”, cuando en realidad, como ustedes ya saben es “delantero centro”.


En el número 76 de la calle Sierpes, (hoy en día esa numeración de la calle ha cambiado y corresponde al número 66), aquel elegante local volvería a ser testigo de numerosas celebraciones y grandes éxitos, hasta que en 1914 cerró sus puertas parece ser que para trasladarse a otra ubicación, en la calle Albareda 22, edificio obra del jerezano Antonio Hernández-Rubio, también desaparecido hoy en día, lugar donde jugadores y directivos del Sevilla FC seguirían reuniéndose.


Ese día de banquete terminó con el acuerdo de hacer posible que al día siguiente acudiesen 22 de ellos para poder celebrar un partido de football. No existía ningún otro club en la ciudad contra los que jugar. Tan solo tres años más tarde contarían con 80 muchachos y varios equipos en distintas categorías. Fue el comienzo de una gran gesta en la ciudad de Sevilla.


Joaquín López Lozano, en el diario ABC , escribía lo siguiente:

"...el Sevilla FC, al constituirse, y en sus primeros estatutos ya señaló que podía pertenecer a la Sociedad de todo el mundo. Fue eso que se llama ahora interclasista. En sus listas sociales podían ingresar quienes quisieran sin distingo de religión ni de política. Nacía un club liberal y demócrata..."

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