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28 octubre 2015

EL GENIO DE LA LÁMPARA

 

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Que Juan (Antonio) Armet de Castellví, Kinké, es el mayor genio —en el más estricto sentido de la palabra— de la historia del fútbol sevillano, pasada, presente y, muy probablemente, futura, lo sabe cualquier mente abierta no constreñida por unos colores o por su incapacidad de contextualizar y poner en valor los hechos históricos.

Ciertamente es necesario prescindir del corsé de la actualidad, o de nuestra propia experiencia vital y la de quienes nos rodean, e ir más allá, superando prejuicios y barreras psicológicas, tratando de comprender lo que representaba un personaje así para su tiempo, y la magnitud del legado que fue capaz de transmitir a las generaciones venideras.

Ya antes de trasladarse a la ciudad de la Giralda, para concedernos la gracia de transformar el juego instintivo local del Sevilla Foot-ball Club en ciencia depurada y eficaz, Armet “Kinké” era considerado el no va más del balompié hispano:

“KINKÉ” ES EL NOMBRE DIOS DEL FÚTBOL ESPAÑOL

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“Juan Armet (kinké) es el capitán del equipo que nos visitará; su nombre basta para ser garantía de la validez del equipo.

“Kinké” es el nombre Dios del fútbol español; su nombre, dentro de su portentosa valía, es admirado en todas las regiones devotas del fútbol en España. Kinké es el único de su “Club” que ha representado a Cataluña en los partidos de selecciones; su nombre está ya reservado para actuar en el equipo que ha de representar a España en partidos futuros con la selección que representará Suiza; y “Kinké” es el jugador que ha hecho el goal más estupendo que se ha visto desde que hay fútbol para los españoles, y éste fue hecho hará cosa de un año en el partido de vascos contra catalanes, que empataron a un goal, gracias a “Kinké”.

En aquellos momentos, el fútbol va ganándole la partida de los fervores populares a la fiesta de los toros:

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“Sevilla, la de la estilista escuela del toreo cumbre, preciosista y afiligranado; la de las reuniones de coletudos con sus discusiones en ese argot taurino tan castizo y netamente andaluz. Sevilla, la tierra de la pandereta y los caireles, con su jaraneo y jolgorio agitanado de sus habitantes, se ha convertido en una ciudad eminentemente deportiva, llena de Clubs de fútbol y sus reuniones se han convertido en algo aristocrático y extranjero. Las charlas se han tornado, del caló al inglés; los coletudos a los morenos muchachos deportistas. Y sus mocitos, los mocitos que recorrieran en su día la España torera, de triunfo en triunfo, se han convertido en héroes del balón. Sin embargo, para gloria de este deporte, los que supieron crear una escuela taurina única, los chicos modernistas, crean otra escuela en el fútbol y por un tiempo, no fugaz, hacen que Sevilla vuelva a vibrar de entusiasmo y coraje ante la furia de esa escuela futbolística, plena de dominio del esférico y técnicas insuperables.

Figuras de estos valores deportistas fueron Armet Kinké, Spencer, Ocaña, y hoy, Eizaguirre. Y siempre en ascensión de grandiosidad, superándose a sí mismos, sirvió a todos los Clubs de España elementos de valía que supieron poner cátedra de fútbol donde quiera que fueron.”

Y al igual que en la fiesta nacional, se utilizaba con los jugadores superlativos el mismo término que aún hoy perdura para las grandes figuras de la tauromaquia: maestros.

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“Bernabeu es peligroso, en especial en lo al disparo se refiere. Tira formidablemente, sin prepararse. Spencer (Sevilla), Alcántara (Barcelona), Kinke (Juan Armet, catalán del Sevilla”, Ramón González (R.C.D.C.) y Piera (Barcelona), ponemos por maestros, no lo superan un ápice.”

El recurso al símil taurino llegaba a convertirse en tópico, ante la dificultad de los cronistas de la época para definir con precisión la singularidad y belleza del fútbol sevillano:

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“Vamos a tener ocasión, al fin, de ver el juego incomparablemente bello de los andaluces.

El domingo viene a Vitoria el Sevilla, que es el representante genuino del juego filigranero, implantado por el inimitable Armet, “Kinké”, catedrático mayor de la escuela sevillana.

Quien no haya visto jugar a los sevillanos no puede imaginarse su gran habilidad, su dominio del balón, su forma de pasar. Es algo digno de verse. Tiene algo de “taurino” por su habilidad en burlar las acometidas contrarias, algo, en fin, que no se encuentra en los demás equipos españoles.”

De su condición, la de Kinké, como arquitecto mayor del juego sevillista, nada mejor que las palabras de su alumno más aventajado, Enrique Gómez Muñoz, “Spencer”, quien, al ser preguntado acerca de cómo debe desmarcarse un delantero, respondía lo siguiente:

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“Nunca me estoy quieto. Especialmente fácil si lleva el balón Kinké, que hace colocarse a todos.”

Kinké se hizo famoso, no sólo por su extraordinaria calidad técnica y sus conocimientos futbolísticos, sino también por su caballerosidad, sus excentricidades y sus golpes de ingenio.

Conocíamos bien la anécdota de su primera aparición en Sevilla, en el campo del Mercantil, ataviado con un sombrero de ala ancha para actuar como linier en un enfrentamiento copero entre el Sevilla F.C. y el Madrid C.F. También su costumbre de tirar fuera los penalties por parecerle más elegante, evitando una humillación mayor de los rivales. Pero hoy no nos resistimos a compartir con nuestros lectores la última perla de nuestro genio de la lámpara, una auténtica delicia que contamos, tal cual y literalmente, la hemos descubierto en la prensa.

Que la disfruten:

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“Una anécdota de “Kinké”

“Kinké” es un jugador de fútbol muy popular del “Sevilla F.C.”

Se le atribuyen muchas “cosas”, aventuras y anécdotas.

Un día jugaba su Club contra otro, que tal vez fuera la Balompédica Linense. Hubo una combinación por alto, primorosa, y para los merengues, efectiva, puesto que se acercaron a la meta contraria. Juanito Armet, bien colocado, recibió el balón en la cabeza y le dio con ella de modo que fuera hacia la portería y hacia abajo, para lo cual tuvo que hacer una especie de reverencia como la que haría un doméstico a su señor o un galán a la dama de sus pensamientos.

Todo esto no tendría nada de particular si “Kinké”, al mismo tiempo que el balón, tras la reverencia, entraba en la portería, no hubiese exclamado, dirigiéndose con gran cortesanía al portero:

-Buenas tardes.

El delantero quedó muy serio. El goal-keeper quedó estupefacto.”

Somos andaluces, y por tanto, algo amigos de la hipérbole, pero con “lamparilla”, el gran Juan Armet, lo de genio, más que corto, le viene sobrado.

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