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12 junio 2017

EL AUGE DEL FÚTBOL EN SEVILLA (y II)

Por José Melero

Viene de aquí.

En Septiembre de 1924 la prueba ciclista Sevilla-Cádiz concede un premio con el nombre del futbolista del Sevilla Kinké, con la denominación “Vino amontillado fino Kinké” y en la prensa sevillana comienzan a parecer imágenes publicitarias relacionadas con el fútbol,un deporte que se había mercantilizado y en el que los futbolistas se habían convertidos en ídolos de masas. Una muestra de esto ultimo, supuso el entierro del sevillista Spencer, fallecido en 1926 a causa de una apendicitis,hecho que conmovió a la ciudad,convirtiéndose su entierro en una manifestación popular de duelo.

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Paralelamente a esto se va reforzando figuras como la del entrenador,el masajista o el medico del club y van apareciendo las primeras concentraciones de los equipos a las afueras de la ciudad,como la realizada por el Sevilla en Marzo de 1925 en Villanueva del Rio y Minas.

El fútbol comienza a profesionalizarse,los jugadores comienzan a cobrar por jugar,una practica que venia ocurriendo de forma encubierta desde la mitad de la segunda década del siglo XX, pero que se regularizó en Junio de 1926 con una asamblea de la RFEF, en la que se reglamentaria el fútbol profesional en España.

Hubo equipos que supieron adaptarse mejor que otros en ese paso entre el amateurismo y el profesionalismo, siendo posiblemente el Sevilla el que le ganó la partida al Betis en ese aspecto en un momento crucial de nuestro fútbol.

A mediados de esta década hay tres equipos sevillanos en Primera categoría del fútbol andaluz en el grupo A: Sevilla FC, Real Betis Balompié, Nacional FC, y dos equipos en el grupo B: Sevilla Athletic y Sparta FC, con alrededor de cien jugadores federados. Esto sin contar con los clubs de segunda categoría y con los numerosos equipos y jugadores de los pueblos de la provincia que ya empezaban tímidamente a aparecer en los periódicos sevillanos.

Otro hecho que caracterizó estos años veinte, fue la creación de secciones deportivas al margen del fútbol, por parte de los dos primeros clubs de la ciudad: atletismo,ciclismo,hockey.... Dando con ello una imagen regeneracionista y realizando un guiño a aquellos sportman de los primeros tiempos y ofertando al mismo tiempo a sus socios un servicio más de ocio y entretenimiento.

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La aplastante superioridad del Sevilla en la región, hace perder algo de interés en los aficionados en el campeonato de Andalucía,decayendo la asistencia de espectadores en el Reina Victoria en estos partidos,pero quedándose pequeño en los partidos del Campeonato de España y en los encuentros frente al Real Betis, el cual consigue un cierto crecimiento que culmina con su único titulo de campeón de Andalucía en la temporada 1927/1928.

Con la llegada a la presidencia del Barón de Gracia Real en 1925, el Sevilla proyecta construir un estadio “de hierba con cabida para treinta mil espectadores”.Para ello se nombró una comisión para buscar terrenos donde edificar el nuevo campo, ya que el contrato de alquiler del Reina Victoria cumplía un año después y a esto se le unía que las obras de ensanche de la ciudad de cara a la Exposición del 29 obligaban a cambiar el emplazamiento del actual campo.

Se llegó un acuerdo con la Inmobiliaria Nervión para el alquiler y construcción del campo en unos terrenos situados en la zona de Nervión, para lo que se emitieron una determinada cantidad de obligaciones al precio de 5 pesetas., no siendo suficiente y teniendo que adelantar el presidente sevillista dinero de su bolsillo.

El estadio de Nervión se inaugura el día 7 de Octubre de 1928 en un partido contra el Real Betis Balompié (1-2) y tuvo en un principio un aforo de unos doce o quince mil espectadores, aunque con futuras remodelaciones llegó a tener en los años cincuenta capacidad para treinta mil personas.

Ya en los años treinta el Sevilla FC consciente de la importancia de tener el campo en propiedad, dado que la supervivencia económica del club provenía en gran parte de la venta de entradas, decide afrontar la compra del recinto. Para afrontar dicha compra se vuelven a emitir nuevas obligaciones al precio de quinientas pesetas, adquiriendo además del estadio cuarenta y dos mil metros más de terreno en los aledaños del campo sevillista.

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Llegados a este punto hay que señalar que el Real Betis no consiguió tener un campo en propiedad hasta 1961, una muestra más de que el Sevilla supo adaptarse mejor a la nueva dinámica económica que había generado el fútbol.

El 17 de Marzo de 1929 iba a inaugurarse un nuevo estadio en Sevilla,el llamado Estadio de la Exposición Iberoamericana,en un partido que enfrentó a la selección española frente a la de Portugal (5-0), ante nada más y nada menos que quince mil espectadores.

La falta de interés de los aficionados de los grandes clubs a los partidos de los campeonatos regionales, llevó consigo el tener que ampliar el numero de partidos en la temporada, para así poder sufragar gastos en un fútbol tan profesionalizado. La solución fue la creación del Campeonato Nacional de Liga,que unidos a los de Copa llevó a jugar partidos prácticamente desde Septiembre hasta Junio.

Los equipos sevillanos quedaron finalmente encuadrados en la Segunda División, teniendo que jugar un torneo eliminatorio previo creado a efecto de dilucidar quienes eran los equipos que completaban la Primera División.

En todo este proceso de expansión del fútbol en nuestra ciudad la prensa sevillana tuvo un papel determinante en cuanto a su difusión. Desde aquellos primeros sportman de primeros de siglo, que bajo seudónimos como “Inside right”, ”Golkeeper” o “El ingles del pito”, escondían al presidente o al directivo de turno y que mandaban pequeñas reseñas de los partidos a los periódicos,hasta los cronistas ya más profesionales que a partir de finales de los años veinte informaban sobre los clubs sevillanos en los principales diarios de la ciudad.

Periodistas como Antonio Cantos López “Zancadilla”, gran defensor del fútbol modesto y árbitro,que desde 1917 empezó a escribir sus crónicas en “El Correo de Andalucía”, hasta su fallecimiento en 1942 o el presidente bético Gil Gómez Bajuelo “Discóbolo”, desde “La Unión” primero y desde 1929 en la edición sevillana de “ABC”, abanderado de la causa bética, incluso en los momentos más críticos del club verdiblanco,que defendía sus posturas en ocasiones de forma vehemente, haciendo que sus lectores les siguiesen con fidelidad.

El periodismo deportivo en nuestra ciudad pasó por dos fases muy diferenciadas:la primera vino cargada de una parcialidad que en el caso del militar Antonio Olmedo, bético furibundo y corresponsal sevillano del semanario “Madrid Sport” y luego cronista y director de “ABC”, rozaba lo esperpéntico. Y la segunda,en la que se mutó a un periodismo mucho más serio, desapasionado y aséptico,que coincidió con el nacimiento de la Liga, donde la información dedicada al fútbol llegó a ser más habitual y extensa en los cinco diarios sevillanos: “El Noticiero Sevillano” (1893-1933), ”El Correo de Andalucía” (1899), ”El Liberal” (1901-1936), ”La Unión”, (1918-1939) y “ABC”, (1929).

Pero la verdadera transformación del fútbol en un espectáculo de masas se produjo en los años treinta. Con la llegada de la República y sus mejoras socio-laborales, se permitió ampliar el acceso de las clases trabajadoras a un mayor tiempo de ocio y recreo.

Pronto el fútbol se trasladó a los barrios,a finales de los años veinte y principios de los treinta comienzan a parecer equipos como el Calavera CF, Triana FC,CD Osario,Triaca FC,Júpiter FC etc...,clubs que se convirtieron en semilleros de futbolistas tanto para Sevilla como para Betis, empezándose a mostrar los resultados de estos equipos en la prensa,dándosele de esta forma su espacio dentro del fútbol sevillano.

El fútbol se había integrado en el tejido social de la ciudad,convirtiéndose en una actividad más de entretenimiento y esparcimiento popular, frente a otros espectáculos como el teatro o el cine.

Los aficionados habían llegado a un mayor grado de identificación con sus equipos:iban a la estación de Plaza de Armas a recibirlos tras algún triunfo sonado, se desplazaban a otras ciudades en tren para apoyarlos o marchaban a lugares de recreo de la ciudad como la Alameda de Hércules a conocer los resultados del Sevilla o del Betis que eran escritos en pizarras o sobre los espejos de los bares.

Esta mayor identificación con los dos primeros clubs de la ciudad tuvo también sus aspectos negativos, como fue el aumento de la violencia,un mal extendido por toda España, que ya se sufrió en el pasado y que en la primera mitad de esta década se acentuó sobremanera.

La llegada del profesionalismo trajo también consigo conflictos entre clubs y jugadores. La ley de retención,una ley “esclavista” que obligaba a los jugadores a permanecer en sus clubs ante ofertas de otros clubs más poderosos, produjo que éstos en ocasiones se declararan en rebeldía. Casos como el del sevillista Padrón o el del bético Timimi llenaron paginas y paginas de los diarios sevillanos,siendo la comidilla de aficionados de uno y otro equipo.

Con el desarrollo del transporte,fundamentalmente el ferrocarril,se incrementó el número de aficionados de los pueblos de la provincia que acudían a la ciudad a presenciar los partidos de fútbol. Cada domingo se desplazaban un buen numero de hinchas (palabra ésta que se estaba empezando a poner de moda) los cuales lo hacían también en autocares o en automóviles privados,propiciado también por una política de abaratamiento de entradas llevada a cabo por los clubs.

Aunque lo que significo un verdadero impulso para la socialización del balompié en nuestra ciudad fueron los éxitos deportivos conseguidos por ambos equipos. Tras el ascenso del Real Betis a Primera División conseguido en la temporada 1931/1932 y la final de Copa disputada con anterioridad frente al Athletic en Junio de 1931, el club bético llegó a tener 2.321 socios,una cifra irrisoria si la comparamos con la de los grandes clubs españoles de la época, pero que suponía un aumento de 1.535 socios con respecto a la temporada anterior, en la que solo pudo llegar a los 786 socios.

No se quejaba sin embargo el secretario bético Carlos Fernández del Pando de la escasa masa social de su club en una entrevista para la revista “Crónica” en Septiembre de 1932, ya que reconocía que en la ciudad “la mayoría era sevillista y no bética”.

Si hemos señalado ya que en los años veinte el Sevilla comenzaba a fortalecer lazos con la ciudad y a crear sus propias señas de identidad, también hay que comentar que a mediados de estos años treinta algunos aficionados béticos, llevados por la fiebre autonomista del momento,reivindicaban los colores de su club como los colores de Andalucía, si bien hay que reseñar que para nada tenia ningún tipo de vinculación, ya que como es bien sabido, la elección de los colores representativos del equipo bético son anteriores a la Asamblea de Ronda, donde el padre de la patria andaluza, Blas Infante, designó el verde y blanco como los colores de la bandera andaluza.

Por parte del Sevilla FC y después de conseguido su ascenso a la máxima categoría del fútbol español en la temporada 1933/1934, tras varios intentos fallidos,se llevó a cabo una acertada política de fichajes, realizada por su “patrón de pesca”, que era como se denominaba a los secretarios técnicos, figuras que estaban en alza y que estuvo representada en el Sevilla FC por Enrique Tello y en el Real Betis por un todoterreno en el club verdiblanco como fue Carlos Alarcón de la Lastra.

La temporada 1934/1935 tuvo una culminación espectacular para los equipos sevillanos,consiguiendo el Sevilla FC y su equipo amateur el Campeonato de España, la competición con mayor tradición y prestigio de España y la predilecta de los aficionados y alzándose el Real Betis con la recién nacida Liga,torneo que lógicamente tenia su importancia pero que aún despertaba ciertas criticas en muchos medios deportivos españoles.

Al comienzo de la temporada siguiente, el presidente sevillista Ramón Sánchez-Pizjuán concede una entrevista al semanario deportivo “As” en la que habla de una situación económica desahogada, augurando un buen comienzo de temporada en la que “los socios aumentan de día en día”, informando además de unas reformas en el estadio que se estaban llevando a cabo y que ampliaría el campo de Nervión en tres mil localidades más.

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Esta temporada tuvo su punto álgido en cuanto a afluencia de espectadores en el derbi celebrado en el estadio sevillista el 29 de Marzo de 1936, en el que después de unos encuentros caracterizados por la poca asistencia de publico a los estadios sevillanos, la afición sevillista se desperezaba y conseguía rozar el lleno en el feudo blanco en este choque de máxima rivalidad.

No es muy descabellado calcular una asistencia aproximada de unos quince o dieciséis mil espectadores en este partido, sobre todo teniendo en cuenta las ultimas reformas realizadas en el campo sevillista y que el Sevilla se había convertido en uno de los clubs con mayor número de socios de España.

Lo que por otro lado no admite dudas es que de la mano del Sevilla el fútbol se había transformado verdaderamente en un espectáculo de masas en la ciudad.

Por parte del Real Betis las cosas no iban a resultar igual,los éxitos deportivos de la anterior campaña no sirvieron de motivación a los seguidores verdiblancos, pudiéndose afirmar de forma incontestable que dieron la espalda a su club en esta temporada, lo que propició una nueva crisis económica que a punto estuvo de llevar al Real Betis a su desaparición.

Sin querer ahondar en el tema,ya que ya habrá tiempo para ello y sin desviarnos del asunto que nos ocupa,digamos que a final de temporada el Betis estaba inmerso en una profunda crisis económica,institucional y social,que se quiso solucionar con la cesión por parte de las autoridades del Stadium de la Exposición, acto que se llevó a cabo dos días antes del golpe militar que dio origen al inicio de la Guerra Civil.

Para finalizar, señalar que con estas lineas hemos querido,aunque sea de forma somera, analizar el proceso de asimilación y desarrollo del fútbol en nuestra ciudad,consciente de que seria necesario un estudio más exhaustivo y antropológico para llegar a comprender como el fútbol se abrió paso en una ciudad como Sevilla.

Las cifras que se dan en torno a la afluencia a los estadios son aproximadas y están basadas en las crónicas periodísticas de la época,que en algunos casos eran exageradas por los cronistas,siendo difícil calcular el número exacto de aficionados que acudían a los estadios sevillanos por no existir documentos oficiales en los que basarse.

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