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14 octubre 2018

LAS OBRAS DEL SÁNCHEZ-PIZJUAN (3ª PARTE)

Viene de aquí.

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La asamblea de socios celebrada el 8 de agosto de 1956 conoció de primera mano los planes para la financiación de las obras del nuevo estadio.

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Respecto a lo que supuso la emisión de obligaciones hipotecarias y la naturaleza jurídica de éstas como instrumentos financieros de crédito para el destinatario de las aportaciones y de ahorro para los aportantes (es decir, sujetos a la oportuna devolución con los intereses correspondientes), nos remitimos a lo ya expuesto en nuestro post “Con mucho gusto, para eso estamos”.

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El fútbol de élite como fenómeno de masas sólo tenía un nombre propio, no ya en la ciudad, sino en toda Andalucía y Extremadura, y ése era el del Sevilla Fútbol Club, lo que nos da una idea del gigantismo sevillista:

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“Se anuncia la llegada de numerosos trenes especiales de toda Andalucía y de caravanas de aficionados de la región, Extremadura, Gibraltar, Ceuta y Tánger. Si hacemos excepción de la Feria de Abril, no hay acontecimiento de ninguna otra clase que acredite más el capitanazgo andaluz hispalense que estas ocasiones deportivas que el Sevilla le está proporcionando hace bastantes temporadas, año a año”.

“Viene esto a demostrar la rotunda necesidad de llevar a buen fin y a toda velocidad el nuevo estadio …”

“No hay ninguna otra obra privada de los tiempos que pueda acercarse ni por asomo a esta obra ingente que va a ser el nuevo campo sevillista.”

Pasamos de puntillas sobre el fallecimiento de Sánchez-Pizjuán en octubre de 1956 y la colocación de la primera piedra del estadio en diciembre de ese mismo año, puesto que existe mucha literatura al respecto, interesándonos más por las vicisitudes económico-financieras de la construcción.

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Para empezar, dos importantísimas. Hubo que adquirir 23.000 metros cuadrados adicionales de terrenos para poder desarrollar la construcción, con el consiguiente estipendio.

Pero sobre todo, hubo de variarse todo el proyecto de cimentación, debido a la inestabilidad del suelo, e invertir con altísimo coste una importantísima partida en pilares subterráneos, que acabarían elevando el presupuesto al doble de lo inicialmente previsto.

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Como se puede ver, se había dado inicio a la campaña de suscripción de las obligaciones hipotecarias, alcanzando una cobertura en la primera semana de funcionamiento de aproximadamente el 20% del total, gracias a las aportaciones de directivos, socios y peñistas sevillistas. Hablamos de nada más y nada menos que 10.000.000 pesetas para colaborar en la tarea (no olvidemos nunca, para contextualizar las cifras de la época, que el Ayuntamiento “regaló” al Betis Heliópolis –suelo y vuelo- en 1961 por 14 millones, cuando su valor superaba holgadamente los 40, y que los arbitrios supuestamente exonerados al Sevilla no llegaban a 1,5 millones).

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“… solamente la Junta directiva blanca, o sea, sus miembros, cubren aproximadamente un diez por ciento de los cincuenta millones, mientras que las peñas sevillistas es muy posible que alcancen otro porcentaje análogo”.

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En el mes de julio, una entrevista a Ramón de Carranza, Marqués de Soto Hermoso, que se presentaba como candidato a la presidencia del club, nos ofrece la oportunidad de conocer de primera mano cómo iba la financiación del proyecto mediante la suscripción de las obligaciones hipotecarias:

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Garantizada desde un principio …”

“… la confianza que inspira su hacienda.”

Recalca Carranza los factores determinantes para que la banca diese su apoyo financiero a la ejecución del estadio: la hacienda, el patrimonio del que ya era propietario el Sevilla Fútbol Club, es decir, sus bienes, dotaban a la entidad de la solvencia imprescindible para lograr crédito profesional.

Y es que si hay que insistir en demostrarlo, lo haremos, para que quede todo bien clarito, pues incluso los contemporáneos de aquel trascendental momento comprendían cómo el rumbo de la nave sevillista podía cambiar de sino a causa de la tremenda carga a soportar por mor de este proyecto y el inesperado fallecimiento de su carismático artífice:

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“El Sevilla atraviesa una transición fundamental en su historia: construcción de un gran estadio, sin la menor ayuda, y desaparición de un hombre que ‘per se’ llenó la historia moderna de la sociedad que lleva el nombre de la ciudad”.

En septiembre de 1957 se celebró un acto simbólico de siembra del césped, muestra del avance de las obras, mientras el equipo disputaba en estas fechas, con gran éxito, sus primeras eliminatorias de competición europea, en la máxima competición existente, la Copa de Europa.

Empiezan a barruntarse posibles fechas de inauguración, que nada tienen que ver con la patraña que desde la acera verdiblanca se tienen montada con que el Sevilla inauguró el campo con el Jaén para que el primer partido que se disputase en el mismo no fuese contra el Betis. La idea era haber disputado el primer encuentro la temporada anterior, nada más y nada menos, que la vuelta de los cuartos de final de la Copa de Europa frente al Real Madrid:

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Como puede comprobarse, seguían recabándose aportaciones entre el sevillismo, incrementaba su nómina de socios, se giraban cuotas extraordinarias y se mantenía a buen ritmo la propia suscripción de obligaciones, más nuevas aportaciones voluntarias de sevillistas a través de otras instituciones a las que pertenecían como socios o abonados, tales como casinos e incluso la empresa regidora de los festejos taurinos de la Maestranza, en virtud de convenios suscritos con los mismos.

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Al margen de reflejar nuevamente el terrible sobreprecio que supuso la cimentación del estadio (nótese al arquitecto extenderse sobre ello), merece la pena volver a recalcar lo que estaba suponiendo el proyecto:

“Cuantos asistieron a la visita quedaron sumamente impresionados ante la velocidad con que se han producido las obras, la magnitud de las mismas y la impresionante suma de millones invertida por el Sevilla.“

“En cuanto al alcance de las palabras del Marqués de Soto-Hermoso, tenemos entendido que la junta directiva sevillista está estudiando diversas fórmulas para que los abonados y socios del club decano puedan contribuir, ahora fácilmente, a la fase final de las obras.”

Aquello se tradujo en la creación de la Comisión Pro-Campo y la llamada “Operación Diez Millones”:

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